Anales de Ana y otros relatos – Gabriele D’Annunzio

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Anales de Ana y otros relatos.

Anales de Ana y otros relatos, conocidos en la obra de D’Annunzio como Giovanni Episcopo, recoge de una manera magistral las sensualidades y apasionamientos de las personas humanas, hasta tal extremo que se embriagan ellos de neurosis rusa. Algunos de sus cuentos exaltan lo irracional, lo vital, narrando sus historias en primera persona. Es significativo el lema puesto por el autor en el prólogo «O renovarse o morir», ya que D’Annunzio en este momento se inspira en Dostoievski, lo cual no quiere decir que en su producción posterior siga el mismo modelo. Anales de Ana es de los relatos breves de Giovanni Episcopo el más acabado en cuanto reflejo de la totalidad de los sentimientos del autor.

Sobre el Autor:

Gabriel D’annunzio (12 de marzo de 1863, Pescara, Italia – 1 de marzo de 1938, «El Vittoriale» degli Italiani, Gardone.) estudió las primeras letras (1870-1873) en un colegio particular de Pescara. Y de 1874 a 1879 continuó sus estudios, con brillantísimas notas, en el Colegio-Pensionado de Cicognini, de Prato, provincia de Toscana. En 1880 apareció su primer libro de poemas firmado con el seudónimo de «Floro». En 1882 se matriculó en la Facultad de Letras de la Universidad de Roma, pero no llegó a terminar sus estudios universitarios. Desde esta fecha se entrega abiertamente a la literatura. Se suceden sus obras: las novelas cortas de Tierra Virgen, Canto novo, Intermedio de rimas. San Pantaleón (novelas cortas), Isaotta Guttadauro (poemas), El placer (novela), El triunfo de la muerte (novela), Giovanni Episcopo (novela), El inocente (novela), Elegías, Odas navales, Poema paradisíaco, Las vírgenes de las rocas (novela), El fuego (novela)… En 1896 escribió sus primeras obras de teatro: Sueño de un atardecer de otoño y Sueño de una mañana de primavera, La ciudad muerta; a las que siguieron La Gioconda, La gloria…

En la plenitud de su fama, ya empezados a traducir sus libros a varios idiomas, amante apasionado de la famosa actriz Eleonora Duse (genial intérprete de las tragedias y los dramas de su amante), D’Annunzio se enriquece y realiza varios viajes a Grecia, a Francia, a Alemania… Es dueño de varias mansiones suntuosas en la Toscana… Triunfa apoteósicamente en el teatro con Francesca de Rímini, La hija de Yorio, Alción, La antorcha bajo el almud, Fedra, La nave, El martirio de San Sebastián (a cuyo texto admirable puso magnífica partitura Claudio Debussy), La pisanela, Más que el amor, Cabiria, La cruzada de los inocentes… Los mismos sensacionales éxitos obtienen sus novelas sucesivas: El triunfo de la muerte, Quizá sí, quizá no, Vida de Cola de Rienzo, La Leda sin cisne… Y sus libros de versos: Laudes del, cielo, del mar, de la tierra y de los héroes, Mujeres y musas, El verso es todo, Cantos de la guerra latina…

Hacia los primeros años del siglo actual, D’Annunzio se convirtió en el autor más famoso no sólo de Italia, sino, posiblemente, de toda Europa. Sus obras en verso y prosa se traducen a todos los idiomas. Sus obras teatrales se representan en los escenarios más famosos del mundo. Se hacen célebres su lujo, sus caprichos extravagantes, sus bellísimas e inteligentes amantes, sus mansiones en distintas localidades italianas… Se disputan su amistad los escritores más famosos de Francia y Alemania. Vivió mucho tiempo, como un nabab, en París y en Arcachón. Al estallar la guerra europea de 1914, se dedicó a una lírica y apasionada propaganda en pro de que entrara en la guerra su patria Al declarar ésta la guerra al imperio austro-húngaro, el 23 de mayo de 1913, D’Annunzio pidió inmediatamente su incorporación a filas y fue adscrito, con el famoso inventor Marconi, al cuartel general del duque de Aosta En el torpedero Impávido guerreó bravamente como un simple marino. Más tarde, en un avión pilotado por Miraglia, voló sobre Trieste efectuando su misión militar con admirable precisión y arrojo. En 1917 le concedió el Gobierno francés la Cruz de Guerra. El 9 de agosto de 1918, con una escuadrilla de ocho grandes «caproni», realizó su famoso vuelo —«el vuelo loco»— sobre Viena, lanzando sobre esta gran ciudad un vibrante mensaje a los vieneses y aterrizando luego sin novedad. Esta hazaña le valió la Cruz de la Orden Militar de Saboya y el frenético entusiasmo de sus compatriotas. Terminada la guerra, cuando las tropas italianas hubieron de abandonar la ciudad de Fiume, a consecuencia del tratado de paz, D’Annunzio al frente de mil legionarios y una treintena de camiones blindados reconquistó para Italia Fiume el 12 de septiembre de 1919, obligando a salir de ella a los batallones ingleses de guarnición, y proclamándose él comandante en jefe de la ciudad. Esta heroicidad, que había acabado de enloquecer de entusiasmo a sus compatriotas, le valió el título de Príncipe de Monte Nevoso, otorgado por el rey de Italia Víctor Manuel III…

D’Annunzio colaboró también en los periódicos más importantes de su tiempo: Crónica bizantina, Dominica del Fracasa, La Tribuna, Fanfulla della Dominica, Corriere della Sera…

La imponente producción de D’Annunzio abarca libros en prosa, novelas, poemas, teatro, críticas, ensayos, escritos polémicos, diarios, meditaciones… «Prescindiendo de su valor histórico y documental, que es indiscutible y vasto, aunque no fácil de apreciar todavía, es innegable el influjo de D’Annunzio en la poesía italiana del primer tercio del siglo actual, y evidente el impuso renovador que ha dado a los géneros mayores: lírica, teatro, novela. Sin embargo, es ya difícil de precisar el quantum de la correspondencia entre el autor y su época; esto es, lo que D’Annunzio significa como representante de una determinada mentalidad o de un cierto gusto literario… Más seguro es observar la vasta y variada obra por sí misma, tratar de entender qué es lo que la distingue. Por sus caracteres insólitos es independiente de toda la demás producción europea: por una parte, el constante esplendor de la forma; por otra, una sorprendente rareza de pensamiento… Frecuentemente la palabra es un medio al servicio del pensamiento y del sentimiento; pero en D’Annunzio es, las más de las veces, un órgano de transmisión sensual; los sentidos constituyen la razón de ser del arte dannunziano, orientan y limitan los recursos y los efectos. Deforma el dominio psicológico, rehúsa todo lo que no produce goce de un modo o de otro, tiene por él preferencia irreductible y clasifica los objetos entre dignos o indignos sólo por el placer que producen». (S. Prampolini).

Anales de Ana y otros relatos, conocidos en la obra de D’Annunzio como Giovanni Episcopo, recoge de una manera magistral las sensualidades y apasionamientos de las personas humanas, hasta tal extremo que se embriagan ellos de neurosis rusa. Algunos de sus cuentos exaltan lo irracional, lo vital, narrando sus historias en primera persona. Es significativo el lema puesto por el autor en el prólogo «O renovarse o morir», ya que D’Annunzio en este momento se inspira en Dostoievski, lo cual no quiere decir que en su producción posterior siga el mismo modelo. Anales de Ana es de los relatos breves de Giovanni Episcopo el más acabado en cuanto reflejo de la totalidad de los sentimientos del autor.

Giovanni Episcopo —narración muy rebozada en la fantasía lírica y en la despreocupación religiosa ortodoxa— forma con Tierra virgen las novelas de «Las primaveras de la mala planta»; título harto extraño que cabe presumir refiérese a los temas, con resabios medievalistas y renacentistas, que entreverán la composición neta heterodoxa y la seducción lírica con plenitud de gracia pictórica «a lo primitivo italiano».


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