Cuentos góticos completos – Arthur Conan Doyle

Por Revisar

Aunque fue sin duda Sherlock Holmes quien le dio su fama y su lugar en la historia de la literatura, Arthur Conan Doyle se sentía un poco molesto por esa identificación tan absoluta con el relato detectivesco: de hecho, él siempre quiso que se le recordara como novelista histórico. Pero fue el género gótico el que quizá ocupó más ampliamente su imaginación.

Darryl Jones ha reunido en este volumen sus Cuentos góticos completos, treinta y cuatro piezas que, de 1880 a 1922, revelan la original contribución a ese género que acabó sacando a la luz algunas de las obsesiones y tensiones no resueltas de la cultura victoriana: la posibilidad de que lo familiar se convierta en monstruoso, el temor a una venganza colonial que destruya el Imperio británico, la existencia de espíritus más allá de la muerte que se comunican con los vivos, la duda —en fin— de que el pensamiento científico y racional sobre el que se asiente la sociedad pueda explicarlo todo. O quizá lo siniestro y lo infame formen parte de la misma naturaleza.

Con prudencia, casi con la seguridad de que no van a ser creídos, muchos de los narradores de estos cuentos exponen su testimonio de misteriosas desapariciones, malignas influencias hipnóticas, llamadas irresistibles al suicidio y a la muerte, animales grotescos, unicornios furiosos, momias que vuelven a la vida, objetos que conservan escenas truculentas del pasado que ciertos espíritus sensibles pueden reconstruir…

Una colección extraordinaria de personajes y tramas de la mano de uno de los escritores más imaginativos de la literatura británica.

Sobre el Autor:

Arthur Conan Doyle. Nació en Edimburgo en 1859, en una familia católica de origen irlandés. Su padre era un funcionario alcohólico y epiléptico, pero pertenecía a una familia rica e influyente de artistas. Arthur fue educado en un internado jesuita inglés y estudió Medicina en Edimburgo, donde se licenció en 1885. Trabajó en un hospital de su ciudad, fue médico a bordo de un ballenero y, a la vuelta, abrió consulta en Southsea, sin mucho éxito.

En 1879 había publicado su primer relato, The Mystery of the Sasassa Valley, pero no sería hasta 1887 cuando crearía al personaje que habría de hacerle célebre, el detective Sherlock Holmes, en Un estudio en escarlata.

Con El signo de los cuatro (1890) y La compañía blanca (1891) pudo abandonar el ejercicio de la medicina y dedicarse a escribir. Las aventuras de Sherlock Holmes (1892) y Las memorias de Sherlock Holmes (1894) fueron un gran éxito, pero el detective no reaparecería en su obra hasta El perro de los Baskerville (1891) y, por la generosa oferta de una revista neoyorquina, en El regreso de Sherlock Holmes (1903).

En 1900 había combatido en la guerra de los bóers y en 1902 publicó The War in South Africa: Its Causes and Conduct, por el que fue condecorado. El mundo perdido (1912) y El valle del terror (1915) se cuentan entre sus últimas obras de ficción. La magia y el espiritismo (sobre el que escribió varios libros) fueron sus intereses de esa última época. Murió en 1930 en Crowborough, Hampshire.


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