El camino de Santiago. El bordón y la estrella (2da parte) – Joaquín Aguirre Bellver

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El camino de Santiago: El bordón y la estrella (2da parte).

Mateo y Geraud se conocieron en Roncesvalles y peregrinaron juntos. Vivieron muchas aventuras y, cerca de Nájera, un rayo partió los grilletes que ataban al forzado. A partir de allí siguieron andando juntos, libres los dos.

Joaquín Aguirre Bellver editor, periodista, pintor y escritor, centró su labor literaria en las novelas donde la historia se entremezcla con la fantasía. Mereció uno de los primeros Premios Lazarillo de Literatura.

Se conocieron en Roncesvalles, y peregrinaron juntos. Mateo era un chiquillo; estaba al servicio de un convento de frailes, y lo dejó todo por acompañar en el camino a un personaje singular: un forzado francés. Geraud de Saint Gilíes peregrinaba por castigo; en aquel tiempo, la justicia, aunque no pudiera probar un delito, castigaba. Una de las penas más corrientes consistía en encadenar al acusado, marcar su crimen en los grilletes, y hacerle marchar así hasta Santiago de Compostela, donde quedaría libre.

No era poco lo que Mateo dejaba en Roncesvalles: unas tareas que conocía muy bien, un techo, y la tumba de su madre, que había muerto allí, en el convento, siendo ella peregrina, y él, un niño. ¿Qué lo movía en su peregrinación? A Geraud lo ofendía pensar que fuese la piedad hacia él; era escultor, su orgullo parecía tallado en piedra, y no soportaba que lo compadeciesen.

Algo más que orgullo había en aquel hombre, y muy pronto, en Pamplona, en un albergue, Mateo se dio cuenta de que antes se trataba de dignidad que de otra cosa. A media noche fue secuestrado el hijo de un noble alemán, y Mateo y Geraud tuvieron que salir huyendo, acosados por las sospechas, que siempre recaen primero sobre los perseguidos.


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