El cantar de los nibelungos (Trad. Marianne Oeste de Bopp) – Anónimo

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El cantar de los nibelungos, en la versión presente, o La tragedia de los nibelungos, como lo llama la versión mas antigua, tiene igual rango que otras grandes epopeyas medievales del occidente; es una expresión del alma de un pueblo que empieza a estar consciente de su individualidad.

El cantar de los nibelungos se trata de una gesta antiquísima, leyenda de un remoto tiempo heroico, por siglos transmitida únicamente por tradición oral, que sufrió infinitos cambios y transfiguraciones.

En este poema, los numerosos ciclos de leyendas, que las diferentes tribus germánicas elaboran durante las grandes migraciones, gradualmente se fusionan; tolda la materia legendaria es refundida en el medioevo tardío, y sólo más tarde, en el siglo XIX, redescubierta por el romanticismo, entra al tesoro de la literatura alemana.

La mezcla singular de lo remoto-mítico y los siglos medievales es lo esencial y característico y uno de los mayores encantos de este monumento literario.

El cantar de los nibelungos

El «Cantar de los nibelungos» (Der Nibelunge liet) —en la versión presente— o «Der Nibelunge Not» (La tragedia de los nibelungos), como lo llama la versión más antigua, tiene igual rango que las otras grandes epopeyas medievales del occidente —el «Cantar de Rolando», el «Cid»—, expresiones del alma de un pueblo que empieza a estar consciente de su individualidad.

Alrededor de 1190, un maestro desconocido crea un conjunto grandioso de conocidas partes sueltas: la epopeya de un pueblo.

En los siglos V y VI, en el oeste y sur de Alemania, había nacido la leyenda de Brunhild con aquella de la muerte de Siegfried; al mismo tiempo, entre los francos, se cantaba acerca de la destrucción de los reyes burgundios, atribuida al rey de los hunos, y de la muerte de este rey, Attila-Etzel. En esta forma, en la cual ya se conecta a Attila con Teodorico el Grande, entre 555 y 583, la leyenda llega al Norte, a Noruega e Islandia, donde, aumentándose el elemento mítico, la segunda parte de las sagas es elaborada en detalle.

En nuevas versiones, las canciones existentes se fijan por escrito en la Edda de Islandia, y parte de ellas regresan al continente, sin influencia notable de los poetas nórdicos sobre los juglares de Alemania. Allí, finalmente, reciben su forma definitiva, que reúne arabos ciclos de leyenda en el «Cantar de los nibelungos».

Se trata entonces de una gesta antiquísima, leyenda de un remoto tiempo heroico, por siglos transmitida únicamente por tradición oral, que sufrió infinitos cambios y transfiguraciones.


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