La gorriona – Luis Coloma Roldán

Por Revisar

El relato va contando una serie de lances frívolos, sobre todo el baile que dio la Condesa Rosa Peláez en su casa y los asuntos derivados y relacionados con el mismo, particularmente las ironías del cura don Rufino, porque según él, a todos los bailes asiste el diablo, y una carta anónima contra el baile, carta que la Condesa atribuyó al Gobernador.

Ante todos estos despropósitos, la Condesa decidió organizar otro baile.

Sobre el Autor.

Luis Coloma Roldán (Jeréz de la Frontera, 1851 – Madrid, 1915). Escritor y religioso jesuita español, más conocido como el Padre Coloma.

Con doce años ingresa en la Escuela Naval, que abandona al poco tiempo para cursar la carrera de Leyes en la Universidad de Sevilla. Se trasladó posteriormente a Madrid, donde empezó a frecuentar las tertulias elegantes, en las cuales reunió elementos que después habrían de servirle para la creación de su obra literaria. Aun cuando abogado, no ejerció la profesión; colaboró, en cambio, en dos periódicos de Madrid y se hizo propagandista de la restauración borbónica.

Un incidente casi mortal, una grave herida en el pecho a causa de habérsele disparado el revólver que limpiaba, afianzó su decisión de hacerse jesuita; y así, en 1873 ingresó en el seminario de Poyanne y el año siguiente era ordenado sacerdote. Sin embargo, no por ello abandonó el periodismo: lo mismo que el libro, el periódico le servía no tanto para divertir como para aleccionar al público.

En su producción literaria pasó del costumbrismo de las Lecturas recreativas (1887) a la sátira social de Pequeñeces (1891), novela cuya aparición provocó gran revuelo, por cuanto su descripción de un mundo lleno de vicios y vergonzosas debilidades fue considerada una crítica personal; durante quince días el Heraldo de Madrid estuvo publicando juicios y erróneas interpretaciones que molestaron al autor.

A pesar de la oposición de ciertos sectores conservadores, adoptó las técnicas naturalistas en la línea de E. Zola, que defendía el objetivismo del autor y el determinismo de la conducta de los personajes, aunque matizadas por algunos recursos propuestos por P. Bourget que alentaban a la indagación psicológica de éstos. La citada Pequeñeces (1890-1891), en la que llevó a cabo una virulenta crítica de la sociedad madrileña y, especialmente, de la aristocracia de la Restauración, es su obra más popular.

También reflejó un moralismo militante en otras novelas y cuentos, como Retratos de antaño (1895), La reina mártir (1902), novela en la que exalta la figura de María Estuardo, y, entre otras, Jeromín (1905-1907), en la que recrea la vida de Juan de Austria. Interesantes son también los Recuerdos de Fernán Caballero, la autora amiga, de quien fuera secretario y a quien Coloma imitara al principio, aun cuando sin igualar jamás su vigor.

En 1908 ingresó en la Real Academia Española; su discurso de ingreso versó sobre el Padre Isla.

Al padre Luis Coloma se deben además varios cuentos infantiles, como Periquillo sin miedo, La Gorriona, Pelusa y uno particularmente famoso: Ratón Pérez. Este último pasa por ser el primer cuento que tiene como protagonista al Ratoncito Pérez, personaje tradicional de antiguos orígenes en diversas culturas que trae un regalo a los niños cuando se les cae un diente. Dedicado al futuro rey Alfonso XIII, que tenía entonces ocho años, apareció por primera vez en 1902, en la revista Nuevas Lecturas, junto a otros relatos; en 1911 se publicó como obra independiente, con ilustraciones de Mariano Pedrero.

Enmarcado dentro de la corriente del costumbrismo y el realismo, forma parte del elenco literario que conforma lo que la crítica ha tenido a bien denominar la generación sucesora de la novela cervantina. Coloma cosechó un insólito éxito con sus cuentos, novelas y relatos en las que supo plasmar su vocación religiosa. Así, su obra se caracteriza por una peculiar mezcla de religiosidad y de profundo conocimiento de la vida y sus costumbres, siempre escrita con un matiz moralizador.


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