La rosa blindada – Raúl González Tuñón

Por Revisar

La rosa blindada marcó un hito extraordinario en la poesía de lengua castellana de este siglo: abrió sus puertas a la esperanza y al sufrimiento obreros y a la Revolución, iniciando un camino que grandes poetas latinoamericanos y españoles —Vallejo, Hernández, Neruda, Alberti— recorrerían después.

Pero no sólo: Raúl González Tuñón amalgama aquí su decir porteño con el aire de España y produce un fruto raro, excepcional en el árbol de la poesía y de la lengua. Advierto que hablo de Raúl en tiempo presente, pero no es en otro que de él se pueda hablar.

Ese hombre de memoria nítida, respuesta pronta y rica, modesto en el vestir, pobre siempre, de voz suave y cordial, ojos oscuros con el habitante de una chispa inagotable (de curiosidad, de cariño, de bondad, de admiración, de regocijo, de asombro no agotado) parece estar fingiendo que murió hace casi veinte años.

No es verdad pero es poético, como él dice en este libro. La verdad es que su poesía está viva y atraviesa como un barco seguro los océanos de desolación y derrota popular, de pérdida de los sentimientos solidarios que ensanchan la subjetividad humana, hoy achicada y empobrecida por los parapetos que esta época contra natura obliga a levantar en defensa propia.

Un poeta es como cualquier hombre, pero cualquier hombre no es un poeta, dijo Raúl alguna vez. Pero este gran poeta tampoco era un hombre cualquiera. Reivindicó para la Revolución la palabra aventura, cantó «la aventura de la dignidad» de los mineros masacrados en Asturias en 1934, vivió su propia vida como una aventura abierta a la belleza humana de la poesía y a la poesía de la belleza humana, fue generoso con los jóvenes poetas y generoso con su vida de militante del futuro.

Entendió la vida como una aventura ancha y sin fin, viajó por amores y países y no ancló en ningún asombro porque otros lo esperaban. Siempre. Fue incanjeablemente porteño.

Nunca renunció a la persecución de la poesía ni a la procura de justicia en la tierra, dando un ejemplo que muchos de nosotros tratamos de seguir. Raúl agranda los territorio de la imaginación poética, salta permanentemente las vallas de las teorizaciones, con excepción de ésta: «la poesía es una e indivisible».

Nunca negocia con «los agrios sectarios» —de izquierda o de derecha— que se ocupan de encajonar a la poesía y producen teorías muy gordas y poemas muy flaquitos. Raúl tiene comercio solamente con el juego y el fuego de la palabra.

Juan Gelman

Sobre el Autor:

Raúl González Tuñón fue un poeta argentino. Nació el 29 de marzo de 1905, en Buenos Aires, Argentina y murió el 14 de agosto de 1974 en la misma ciudad.

Comenzó su carrera literaria publicando en revistas como Caras y Caretas, Proa y Martín Fierro. Afiliado al Partido Comunista y activo militante, publicó su primer libro El violín del diablo, en 1926, y el segundo, Miércoles de Cenizas, en 1928.

Trabajó en el influyente y sensacionalista diario Crítica y fue designado corresponsal de guerra durante la Guerra del Chaco entre Paraguay y Bolivia. Se casó con Amparo Mom y viajó a España, donde permaneció un año haciendo amistad con Pablo Neruda y Miguel Hernández.

Regresó a Argentina y volvió a España durante la Guerra Civil. Junto a Neruda, abandonó el país cuando Madrid fue sitiada. Viajó a Chile y, durante un tiempo, vivió en la casa de Neruda. Luego, viajó a Rusia y China. Tiempo después, abandonó el trabajo de corresponsal radicándose en forma definitiva en Buenos Aires.

De manera contradictoria para un militante comunista, se codeó con los integrantes del Grupo de Florida, formado por intelectuales elitista y contrarios a toda manifestación popular, como Jorge Luis Borges y Oliverio Girondo.

A la vez, tuvo amistad cercana con los del Grupo de Boedo en el que se destacaba Elías Castelnuovo y que impulsaba una literatura realista de contenido social.

González Tuñón fue uno de los principales exponentes del arte social argentino. Con las influencias de François Villon, Rainer Maria Rilke y Evaristo Carriego, sus poemas tienen como temas principales a los habitantes de la ciudad, los lugares y los pueblos de provincia.

La calle del agujero en la media (del libro de igual nombre) es uno de sus poema más conocidos y de los que mejor representa su estilo.


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