Señales de humo – Rafael Reig

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Señales de humo.

Martín es un catedrático recluido en un sanatorio mental. Desde allí recuerda que empezó a realizar auténticos viajes en el tiempo desde que, muy joven, intentó suicidarse. Ahora ya no los controla a voluntad y, sin proponérselo, aparece en una ciudad medieval oyendo cómo cantan las jarchas mozárabes un grupo de brujas, o cómo los juglares escenifican el Cantar de Mío Cid, o cómo el arcipreste de Hita le desvela su libro repleto de anécdotas en verso.

Desde la Edad Media hasta el siglo de Oro, desde Berceo hasta Cervantes, desde La Celestina hasta Lope de Vega, nunca antes se nos había explicado la literatura española con tanta originalidad y humor, con tanta erudición como placer. Señales de humo es una novela que retoma el tono de Manual de literatura para caníbales, un verdadero bestseller literario que convirtió a su autor en toda una referencia para muchos jóvenes lectores.

Las paredes de la Clínica Graellsia, situada en un hondo valle del Guadarrama, al norte de Madrid, recogieron los últimos aullidos y carcajadas de Martín Belinchón, que falleció, tras un delirio furioso e insomne que duró más de setenta horas, en la habitación número 9, en el ala oeste de la tercera planta del edificio, con vistas a la Peña del Águila, tras la que se había puesto el sol. Ojalá ya no tuviera miedo.

De su penosa vida apenas conocemos lo que él mismo nos relata en estos papeles, aunque sí se ha documentado que fue bisnieto de Benito Belinchón, el narrador de La cadena trófica. Benito, el último Belinchón, murió convencido de no haber dejado descendencia. La literatura era, por tanto, su destino natural, pues la familia de los Belinchón, al menos desde 1820, fue una interminable saga de autores de segunda fila que fracasaron testarudamente durante doscientos años.


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