Author: Corín Tellado

Egoísmo imperdonable – Corín Tellado

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Egoísmo imperdonable. Debía ser muy tarde cuando oyó un portazo. Hala, como si la casa fuera solo suya. El portazo había sido tan fuerte que hizo estremecer el piso. Oyó sus pasos avanzar sin titubeos. Por supuesto, no se pararía en su puerta. Miró la esfera de su reloj luminoso. Las cinco. Pues podía haberse quedado con ella. ¿Qué papel estaba representando? Se alzó de hombros sin dolor. Eso era antes. Cuando dolía aún,...

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Debo dejarte – Corín Tellado

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Debo dejarte. A los catorce años empezó a verse con Arthur, que tenía veintitrés. Todo empezó así, como de broma, como por casualidad, pero luego, a medida que el tiempo fue transcurriendo, aquello fue una necesidad de ambos. A la sazón tenía diecisiete años y sabía de besos, de caricias, de amores entrañables. No concebía, pues, que Arthur se fuese así… ¡Así, sin más! Dejando atrás todo el recuerdo, todo aquel amor, aquella ternura...

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Ayúdame en mi desconcierto – Corín Tellado

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Ayúdame en mi desconcierto. —¿Se lo ha vuelto a decir, Tom? —preguntó Marie intrigada. —¿Que la amo? Claro que no. —Ah. —No se lo voy a estar diciendo todos los días. —Pero algún día sí lo habrá hecho. —Montones… —Eso es lo peor. —¿Lo… peor? —A Nina hay que dejarla. Cuando nos anunció que se iba, no nos preguntó si podía irse. Se fue. Nina no es fácil. Nina es como es y hay...

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El padre de Nicole – Corín Tellado

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El padre de Nicole. —Se trata de su hija —dijo Terry rescatando sus dedos. Paul sintió que lo hiciese. Le causaba un hondo placer sensual tener los dedos femeninos perdidos entre los suyos. Cada uno es como es. Él era así, ¿qué cosa podía hacer por evitarlo? —¿Está enferma? —Oh, no. De salud está perfectamente. —Entonces no lo entiendo —dijo Paul un si es no es perplejo—. Tengo dada orden a la directora de...

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El profesor de mi hijo – Corín Tellado

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El profesor de mi hijo. —Se necesita paciencia. —¿Y qué quiere usted que aprenda un niño así? —No intento que aprenda nada. Solo que tenga compañía. Celso se lo contaba a Manuel una hora después. Ambos sentados en sus respectivas camas, fumando y mirándose de hito en hito un tanto sorprendidos. Porque si Manuel se sorprendía por lo que él le estaba contando, mucho más sorprendido se había sentido él oyendo a la joven...

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Empecé sin querer – Corín Tellado

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Empecé sin querer. —¿Qué tipo de hombre es ese señor Lay? —preguntó Bette de súbito. Megah se animó. —Dice Nelly que es un tipo serio. Está casado con la opulenta Janet Robinson… —Algo así. —Dicen que es médico vocacional. —Eso parece. Vive para su trabajo. Es humano con sus enfermos. Tiene dos tardes a la semana para visitar cierta barriada donde no cobra. —Sí, ya sé. Oí hablar de él. Parece ser que montó...

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Es nuestra vida – Corín Tellado

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Es nuestra vida. —Gracias, —dijo Doni—. En realidad no quisiera ni hacer uso de un dinero que perteneció a mis padres, ni de lo que ellos tienen. Me gusta vivir la vida a mi aire sin estar supeditada al mandato de los demás y si solicito ayuda, estaré sujeta a esa misma ayuda. —Eso es lo esencial. No estar sujeta a nada. Doni volvió la cara para mirarlo. —Oye, Al, asunto sentimental, nada, ¿verdad?...

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Así no me compras – Corín Tellado

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Así no me compras. Si él seguía tratando a aquella chica, seguro que le daría disgustos. Mejor vivir como vivía. Nunca se había enamorado y prefería no hacerlo. No tenía nada contra el matrimonio, es más, pensaba que un día que pudiera estabilizar su vida se casaría porque a él le gustaba mucho el hogar. Pero no estaba ni con mucho estabilizado, y sus ingresos eran como para echarse a reír. —Podemos ir al...

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En ti me refugio – Corín Tellado

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En ti me refugio. Supo en seguida que Susan se abría camino de aquel modo. Comerciando con los cuerpos de los demás. Con el amor y el erotismo, empleando para ello el piso de su madre… que su padre le vendió antes de morir. No es que ella pudiera decir que Susan fue una perversa madrastra. Pero fue un ser diferente que jamás intentó ganarse su estimación o cariño y que, a la muerte...

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Me has destrozado – Corín Tellado

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Me has destrozado. —Es decir, tú puedes verte con una chica y yo con un chico, ¿es eso lo que pretendes? Alfredo frunció el ceño. Que se viera él con una chica le parecía normal, pero no que Nat se viera con un chico. No obstante se calló para decir al rato malhumorado: —Haz lo que gustes. Y frenó el auto. Nat aún le miró desesperadamente. —¿Dices en serio eso de vernos dos días...

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