Un fracaso heroico – Fintan O’Toole

Por Revisar

Un fracaso heroico: El Brexit y la política del dolor.

Al explorar las respuestas a la pregunta: “¿Por qué Gran Bretaña votó irse?”, O’Toole se encuentra descubriendo cómo mentiras periodísticas triviales se convirtieron en obsesiones nacionales nada triviales; cómo la indiferencia hacia la verdad y el hecho histórico han definido el estilo de toda una élite política; cómo un país colonialista se está redefiniendo como una nación oprimida que requiere liberación.

También discute la atracción fatal del fracaso heroico, una vez un culto autocrítico en un imperio de gran éxito que bien podía permitirse el desastre ocasional. Ahora el fracaso ya no es heroico: es solo un fracaso, y sus terribles costos serán asumidos por los partidarios más vulnerables del Brexit y por aquellos que pueden sufrir las consecuencias de una frontera dura en Irlanda.

Introducción.

Aquel verano hizo en Londres un calor que nunca había experimentado en Irlanda; ese calor denso e impenetrable que solo se da en las grandes ciudades. Estábamos en 1969, yo tenía once años y era mi primer día en Inglaterra. Había llegado en barco a Liverpool, procedente de Dublín, con mi padre y mi hermano de trece años. Nos subimos a un autobús y atravesamos las Midlands, un paisaje profundamente extraño de autopistas, gasolineras y centrales eléctricas gigantescas.

Vincent, el primo hermano de mi padre, nos esperaba en la terminal, y allí tomamos otro autobús hacia el East End, donde íbamos a quedarnos con la hermana de mi madre, Brigid. Brigid era monja, así que en realidad nos alojaríamos en un convento católico. En vista del calor que hacía y la perspectiva de pasar tres días tras los muros de un convento, mi padre decidió que no le vendría mal una pinta. Así que mi hermano y yo nos acomodamos junto a un muro a beber una Fanta mientras Vincent y mi padre se metían en el pub.

Recuerdo que mientras sorbía de la pajita intentaba contener el pánico. Estábamos solos en Inglaterra, abandonados en tierra extraña. Inglaterra, como idea, me aterrorizaba. Sabía por mis clases de Historia en la escuela que los ingleses solo habían hecho cosas malas al pueblo irlandés. Y sabía que la causa de esa maldad era el protestantismo. La única fe verdadera era el catolicismo, así que Inglaterra era un lugar depravado por naturaleza. Uno no sabía qué esperar de esa gente, pero en todo caso nada bueno. Mi hermano mayor lo llevaba bastante bien. Yo no paraba de sudar, por el calor y por la ansiedad heredada.


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